domingo, 6 de diciembre de 2015

SAN LUIS Y SU GENTE | 05-12-2015 | 23:41 | 0

La Virgen de Andacollo: un fenómeno religioso por tres décadas

La imagen fue traída de Chile en la década del '50. Era una simple estampita y fue venerada por años en la zona este de Quines. Se festejaba los 25 de diciembre con una novena y un gran baile popular después de la misa. Hoy nada queda de la capilla.
Por Johnny Díaz
  • 1/4Popularidad puntana. Fue venerada de 1950 a 1980 con una novena, misa y bailes populares. Hoy nada de eso existe.
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“Existe una gran riqueza a pocos pasos de ti; busca entre los peñascos más altos que se encuentran en la planicie que se extiende sobre tu cabeza. ¡Anda Collo!"
Cesó la voz y la luz se extinguió.
A la noche siguiente, se volvió a renovar la visión, y la misma voz dijo:
"Tuyas serán las riquezas. ¡Anda, anda, Collo!!"
Preocupado en exceso, dio cuenta a su amo de lo que había visto y oído. El español, dueño de la mina, no vio otra cosa que el logro providencial de sus deseos y mandó al indio: "Anda y descubre esa riqueza, pero como te vengas con las manos vacías te he de cortar las orejas!".
El indio Collo partió, y a poco regresó trayendo entre sus brazos el busto de madera de una virgen groseramente esculpida. Este es, según la tradición que no se apoya en documento alguno, el origen de la Virgen de Andacollo.
Según la leyenda el indio habría escuchado una voz celestial que le decía “Anda, Collo, invita a tu pueblo a conocerme y a conocer el verdadero Dios”.
Así describe el hallazgo en su libro "Tradiciones Serenenses" -que escribió en 1883- el investigador, escritor y periodista  chileno Manuel Concha, y dice: "Cierta noche, un indio viejo dormía, con aquel sueño pesado del que ha trabajado sin descanso durante el día, en una de las casas de su amo, cuando notó que la mina se había iluminado súbitamente, y que la luz aumentaba en intensidad ... A poco, un punto más luminoso, que parecía el foco de aquella clara y dulce luz, comenzó a cambiar de forma, a tomar consistencia material, a delinearse algo que parecía un objeto flotante, una cosa impalpable. Enseguida, oyó clara y distintamente, una vaga pero comprensible voz.
En Quines también por años se veneró a la Virgen de Andacollo que, según dicen, nació de una estampita que fue traída por la inmigrante chilena Antonia Reynoso, que llegó a un lugar conocido como "Los Plateados", ubicado en  el barrio Banda Este de la localidad. Arribó despojada de muchos bienes materiales pero con un papelito que trataba con gran cuidado y lo protegía contra las inclemencias naturales.
Se trataba de una estampita que no hacía otra cosa que mostrar su devoción por Nuestra Señora de Andacollo.
En 1952 y ya instalados en la actual Banda Este, la chilena se hizo amiga de la familia de Ángel Barrionuevo y en las charlas muchas veces le habló de su devoción, de las fiestas y de esta advocación de la Virgen María y así sucedió que por gentileza, o como un intercambio de regalos, doña Antonia y la señora de don Ángel se cambian la estampita por un pollo.
Ni bien la tuvo en su poder, la familia Barrionuevo comprueba que lo que doña Antonia les contaba era verdad. La Virgen era muy milagrosa y en honor a ella por los favores recibidos, le construyen una capilla de unos  ocho metros de largo por tres de ancho, en la que es entronada en un cuadrito y adornada con flores. Por supuesto que estaba acompañada por otras imágenes, pero ella era la Patrona de la Banda Este.
La información se desprende del hecho de que en Quines había -por esos años- muchas familias provenientes de Chile.
Cuentan que la dueña de casa, consultó al sacerdote del pueblo Juan Ogrín sobre tal cuestión y él autorizó la veneración, que comenzó a realizarse provisoriamente en un ambiente muy familiar. Tiempo después se construyó la capilla que fue bendecida por el sacerdote quinense.
Poco a poco, el lugar se iba convirtiendo en una referencia ineludible para los católicos,  así que se organizó la fiesta religiosa que comenzaba con la novena, luego la procesión y culminaba con la misa oficiada por Ogrín o su hermano Antonio, sacerdote de la localidad de Luján.
A esta conmemoración asistían los vecinos, devotos y promesantes, que venían de los alrededores y localidades vecinas, distantes algunas hasta de veinte kilómetros de Los Plateados.
Después de participar cada noche en la novena, la gente se quedaba un rato más a divertirse en familia compartiendo juegos -el tradicional “anillito”-, contando cuentos, diciendo relaciones y chistes. Unos cumplían sus promesas o “mandas”, otros aprovechaban la oportunidad para celebrar casamientos, bautismos, comuniones, pasar un buen día y por las noches bailar.
“Para el acontecimiento, los dueños de casa servían comidas criollas: empanadas, pasteles y asado; finalizando la noche con canto y baile, bajo viejos algarrobos que aún existen”, dicen hoy los más antiguos lugareños.
El acontecimiento religioso se realizaba todos los años y la fecha estipulada era el 25 de diciembre. Se hacía la procesión y a su finalización se disponía todo para el baile.
Mantuvo su apogeo hasta el 1975, el que poco a poco fue decayendo y desapareció por el fallecimiento de sus organizadores.
Según “Quines, su historia y su gente” y “Folclore Puntano”, la procesión recorría los caminos vecinales y alcanzaba hasta tres  kilómetros durante dos horas. Los vecinos acompañaban a la Virgen, cuya imagen estaba reproducida en una estampa prolijamente encuadrada.
Dicen los lugareños que el solar estuvo en funcionamiento hasta 1980 aproximadamente y después se terminó derrumbando. Hoy sólo quedan vestigios de ese símbolo religioso que en el momento de mayor esplendor, supo albergar a miles de peregrinos y feligreses llegados de distintos puntos del país.
Hoy, la capilla que cobijaba a la Virgen de Andacollo está en ruinas. Las imágenes que había en su interior fueron llevadas a la iglesia más antigua del pueblo -la de Nuestra Señora del Rosario- y a los hogares de algunos devotos, que aún hoy conservan.
En Chile se la venera con dos fiestas anuales, una es el primer domingo de octubre y la otra el 26 de diciembre que se la denomina "fiesta grande" junto a una peregrinación donde se realizan los bailes religiosos llamados “chinos”, “turbantes”, “danzantes” o “cofradías”, los que constituyen su mayor atracción. La voz Andacollo deriva del quechua Anta-Coya, que significa "cobre-reina".
                                                                                            El Diario de la Republica.

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